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Junípero Serra y el padre Casanova

 
Una de las personas que más ayudó a reivindicar la figura y la obra de Junípero Serra en la California de finales del siglo XIX fue un sacerdote suizo. Ángelo Casanova había nacido en el cantón Ticino, en los Alpes suizos y luego de estudiar en el colegio Propaganda Fide de Génova y ordenarse sacerdote fue destinado a California en 1860, primero a Los Ángeles y luego a Santa Cruz, hasta llegar a Monterey en 1868, donde permaneció como párroco hasta su muerte el sábado 13 de marzo de 1893. Dejó un recuerdo duradero en la ciudad. El Monterey New Era lo calificaba como “a genial Christian gentleman, with ever a pleasant greeting and friendly word for all, and his familiar form will be greatly missed”. Y destacaba su servicio desinteresado y su esfuerzo por restaurar la vieja misión de Carmel, muy cerca de Monterey derrumbada por el abandono en 1851, a la que dedicó su incansable energía.
La historia no ha sido justa con el padre Casanova, porque en el museo de la misión sólo lo mencionan como el responsable de la destrucción de la estola de seda que perteneció al padre Serra y que fue descubierta en su tumba: el padre Casanova quiso obsequiar pequeñas reliquias a los devotos que sufragaron la reconstrucción. Finalmente se le critica también por no haber respetado el diseño original de la cubierta de la basílica, repuesta en la segunda restauración del templo, en 1936.
Con críticas o sin ellas, lo cierto es que la Iglesia Católica perduró en California haciendo frente al despojo de las misiones y a los malos y codiciosos administradores que trajeron su secularización con la consecuente miseria y crisis demográfica, todavía en la época mexicana. Con la fiebre del oro, luego de incorporarse a Estados Unidos, llegaría una avalancha de más de trescientos mil inmigrantes de todas partes, pero  en Monterey siguieron celebrándose misas en San Carlos y con el interior ahora cuidadosamente restaurado se puede ver el viejo escudo de la monarquía española, aunque la misa y todo sea ya desde hace mucho tiempo en inglés, y no en castellano.
Casanova permaneció veinticinco años en Monterey y ya en 1870 trató de que el centenario de la ciudad honrase a su fundador “de la mejor manera posible”. El centenario de la muerte de fray Junípero en 1884 se celebró con la reconstrucción de la misión en Carmel. En 1891 finalmente se erigió un bello monumento al venerable mallorquín, muy cerca de donde quedaba el viejo roble  que vio la primera eucaristía. Hecho de granito cristalizado de una sola pieza. Costó cinco mil dólares de la época y todo lo pagó la señora Jane Stanford, esposa del gran magnate del ferrocarril, aunque dejó a cargo de todos los arreglos al padre Casanova.
Una muchedumbre asistió al sepelio del sacerdote aquel miércoles 17 de marzo. Los negocios permanecieron cerrados por respeto y parecía que toda la ciudad se había reunido para rendir tributo al viejo párroco. Asistieron junto al obispo de los Ángeles numerosos sacerdotes de todas partes de California, la misa fue celebrada por el padre Adam que dirigió un muy elocuente sermón en español, y a continuación el padre Marrou hizo lo mismo en inglés.
En ocasiones los habitantes del valle, unos pocos descendientes originarios, le pedían que bautizara a los niños en la sacristía con la imagen de Guadalupe, que era lo único que se mantenía en pie de la vieja misión, para que fuesen bautizados en la misma pila que sus padres y abuelos. De igual modo, en 1879 el escritor Robert L. Stevenson asistió a la romería que desde el pueblo de Carmel dirigió Casanova a las ruinas de la basílica el 4 de noviembre, fiesta de San Carlos, como lo habían hecho desde los tiempos de Junípero. 
A fines del XIX unos inversionistas promueven la venta de lotes y la urbanización de un balneario turístico en Carmel dirigido a familias católicas, especialmente de los colegios y la universidad de los jesuitas en San Francisco. Los lotes eran pequeños, y muchos fueron adquiridos en realidad por profesores y administradores, por el interés de que con la afluencia de fieles se recuperaría también la misión. El desolado lugar se volvió encantador y pintoresco, y pronto se convirtió en lugar de atracción para artistas y bohemios y, finalmente, en oasis de descanso para grandes fortunas y viejas o no tan viejas leyendas de Hollywood. En contraste con el origen humilde de la misión, Carmel tiene la más alta concentración de joyerías y tiendas de lujo de todo Estados Unidos. Una calle de Carmel y otra en Monterey llevan el nombre del padre Casanova, quien hizo todo lo que buenamente pudo porque Junípero Serra fuera reconocido como se merecía. Su senda sería continuada por un sacerdote barcelonés –que fue reconocido por monarca español Alfonso XIII, Ramón M. Mestres, quien también está enterrado aquí en Monterey, y por el escultor y dibujante mallorquín José Joaquín Mora, quienes llevarían a cabo las celebraciones del bicentenario del padre Serra y la construcción de un hermoso cenotafio, hace ahora cien años, pero esa ya es otra historia.

Fuente: Carlos Arrizabalaga California State University Monterey Bay
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